Animita Fortuoso Soto

Su origen se atribuye al asesinato de Fortuoso Soto, habitante de Puerto Montt a inicios del siglo XX, que habría sido golpeado hasta la muerte cerca del año 1920. La existencia de muchas animitas en el lugar no significa que muriera mucha gente allí, sino solo una persona. Muchas personas construyen e instalan mas animitas en forma de gratitud por los favores concebidos.

En un comentario de Edmundo Johnson Fiedler, indicaba que los antiguos peregrinos que iban a la animita de Fortuoso Soto lo hacían incluso llegando de rodillas, a rastras, a veces en ayunas y con sed (con gran devoción y sacrificio) y pagaban sus mandas colocando una casita en el lugar donde llegaban, ya que no todos llegaban hasta la misma animita. Esa sería una de las razones de la proliferación de animitas en el lugar. (Fuente : facebook.com/publicidadpuertomontt).

Existen diversas leyendas que intentan explicar la causa de la golpiza, pero el hecho de haber resultado en una muerte trágica dio pie a la realización de las primeras mandas y sus consecuentes muestras de agradecimiento en el lugar de su muerte. Esto generó posteriormente una mayor atención de los visitantes del lugar, aumentando el número de recordatorios producto de los milagros que se le comenzaron a atribuir. Esto corresponde actualmente a la intersección de las calles Fortuoso (antiguamente Calle del Ánima) y Las Quemas en el barrio Bellavista de la ciudad

Referencias Bibliográficas

El suceso que dio origen al fallecimiento de Fortuoso Soto e información relacionada ha sido mencionado en varias publicaciones, de las cuales exponemos dos.

La primera es el libro de Oreste Plath «L’ Animita» (1993) y la segunda la novela «Relevo» (1961) del escritor Narciso García Barría.

Adicionalmente, el año 2013 se estrenó el cortometraje local «Mala fortuna», dirigido por el realizador Claudio Sánchez, donde se muestra una de las leyendas que habrían dado origen a las animitas. El año 2016 se presentó la obra de radioteatro «Animita Fortuosa», realizada por Teatro Infinito y Radio Cuarta Colina, en el contexto del ciclo «Puerto Montt: Ciudad de Misterios»

Oreste Plath – L’ Animita (1961)

Primera Leyenda : Se cuenta que por allá en los años relativos a 1920, en la ciudad de Puerto Montt, más precisamente en le sector alto denominado «Las Quemas», aconteció el asesinato de Fructuoso Soto, un joven agricultor de tan sólo 19 años.Se señala que Fructuoso se encontraba enamorado de una lugareña, pero que sufría el rechazo de la familia de aquella. Fue así como su sino fatídico llego a desenlace, aquella noche, cuya fecha fue borrada de la memoria, donde el joven cruzaba los oscuros parajes del sector de Las Quemas, cuando se le vinieron encima dos bribones, que lo truncaron del caballo.Una vez que el infortunado se encontró en el suelo, le proporcionaron senda pateadura, no quedando conformes lo apalearon y acuchillaron hasta dejarlo agónico. Se dice que agonizó 48 horas, hasta que fue descubierto por algún alma piadosa que recorría la zona, sin embargo esta no pudo más que bríndale consuelo en su hora final.Al enterarse los lugareños de tan penoso hecho, no pudieron hacer menos que lamentar la perdida de tan ejemplar muchacho, reconocido por su buena voluntad para con el prójimo, destacando como un buen trabajador, y aun mejor hijo.Con el paso de los días, aquel rincón manchado por la sangre del joven, se transformó en un lugar de peregrinación y culto, más aun cuando se sembró en el pueblo la sospecha que los asesinos de tan buen cristiano, no habrían sido otros que los hermanos de la joven por este amada.

Segunda Leyenda : Una noche de invierno, de esas que sólo Puerto Montt puede otorgar a sus habitantes, regresaba desde la ciudad al campo un hombre de unos cuarenta años.Cabalgando de prisa por entre los árboles, sin luz alguna que alumbrara sus pasos, y mientras pasaba por el camino de las quemas, fue sorprendido por un par de maleantes, quienes botándolo de su caballo, consideraron a bien el robarle sus pertenencias, frente a lo cual el hombre opuso la tan lógica resistencia.Sin embargo, aquellos maleantes, sin juicio alguno de buena voluntad y caridad cristiana, le propinaron en respuesta unas buenas punzadas con arma blanca, dejándolo tirado, sin vestimentas ni dinero, sangrando a la buena de Dios.En el sector no había nadie que viviera cerca, por lo cual permaneció sin socorro alguno, hasta cuando de mañana un obrero que pasaba con rumbo a su trabajo le brindo ayuda…ya era demasiado tarde, las heridas propinadas tenían al pobre individuo con su cuerpo prácticamente descuartizado, de tal forma que al llegar las autoridades y auxiliares de salud, el infortunado ya no pertenecía al mundo de los vivos.Tan trágica e infortunada muerte, dio pie para que unos días más tarde algún ciudadano piadoso levantara en el lugar del crimen una casita para albergar el alma errante de quien la vida le había sido arrebatada antes de tiempo por un par de criminales.

Tercera Leyenda : De vida ligera y rica en amores, conocido por todos quienes frecuentaban las casa de «huifas» de Puerto Montt, por aya en los albores de la segunda década de los años de 1900, era don Fructuoso Soto, natural del sector de Alto Bonito.Sin duda alguna hombre de campo y trabajador de la tierra, el mentado Fructuoso, decidió ir a disfrutar de placeres mundanos, como era ya su costumbre, acompañado de una bien pagada dama.La juerga no era menor, acompañada de buen vino, para capear el frío de las tormentosas noches Puertomontinas, acabado el dinero y saciada las ansias, con la copa de lo árboles al suelo, sale de la mentada casa y monta su caballo, para retornar al lejano hogar, en medio de la noche oscura que lo conduce por senderos sin retorno.Subiendo por el camino llamado de Las Quemas, el enfiestado cristiano, que dormita la curadera sobre su caballo, es abordado por un par de hombres, que aprovechan las circunstancias para robarles sus pertenencias.Fructuoso se defiende entre gritos y forcejeos, uno de los maleantes, saca de entre su manta un cuchillo, con el cual da certeras estocadas a la infeliz victima, que queda abandonado a su suerte en medio del camino, horas más tardes es encontrado agonizante por algunos vecinos del sector.Mediado el socorro, y dichas las oraciones, entrega su alma, aferrándose a la medalla de la Madre del Redentor que pende de su cuello, único objeto valioso, respetado por los maleantes.No pasaría mucho tiempo, antes de que piadosas manos erigieran morada para su alma inquieta en el lugar del delito. Al obrar milagros y cumplir mandas, quienes a él se encomiendan, le agradecen levantando nuevas casas.

Fuente : http://animafortuosa.blogspot.com/ – Relato basado en el libro «L’Animita» de Oreste Plath